miércoles, 15 de febrero de 2012

¿El Sol es nuestro aliado o nuestro verdugo?

La exposición al sol se considera un alivio para los estados depresivos, de hecho, sol y ejercicio son buenos remedios para pacientes deprimidos. ¿Que tiene el sol para ser beneficioso? Pues una de las acciones más importantes es que es una fuente de vitamina D.


Inicialmente, parece que se trata de una vitamina necesaria para absorber calcio y mantener nuestro esqueleto (evitando la temida osteoporosis). Sin embargo, el funcionamiento de lo que en medicina llamamos homeostasis del calcio (algo así como “la autorregulación del calcio”) es muchísimo más complejo. Todo comienza con la exposición a la luz ultravioleta del sol, de un derivado del colesterol (el 7-dehidrocolesterol) que hay en las células de la piel. A partir de ahí, se forma en el hígado la 25-hidroxivitamina D3, que es la forma circulante de la vitamina D.


Hasta aquí todo parece razonablemente simple, una sustancia que tenemos en la piel, al darle la luz del sol, se convierte en una vitamina. ¿Pero que hace esa vitamina que está circulando en plasma? ¿Que tiene que ver con el metabolismo del calcio?
Pues ocurre que los riñones convierten la 25-hidroxivitamina D3 en 1,25-dihidroxivitamina D3, que es lo que se considera la “forma activa” de la vitamina D, es decir, la forma que hace “algo” ¿Qué?

Los investigadores de varias universidades norteamericanas descubrieron en el siglo pasado que una hormona producida por la glándula paratiroides es crítica para el mantenimiento de una cantidad determinada de la forma “activa” de vitamina D en la sangre; de tal forma que cuando se necesita calcio, la glándula paratiroides envía la hormona paratiroides a los riñones, para que inicien la producción de esa forma activa. Y a su vez, la presencia en plasma de dicha forma activa de vitamina D, implica que los intestinos transfieran el calcio de los alimentos a la sangre. Por todo ello, cuando se toma muy poco calcio en la alimentación, o el calcio no se absorbe suficientemente, tanto la vitamina D como la hormona paratiroidea inician un proceso por el cual el calcio almacenado se obtiene de los huesos, lo que genera su descalcificación (osteoporosis).

Todo este complejo proceso podría resumirse en que hay que tomar calcio, exponerse a la luz solar y tener un hígado y unos riñones sanos. Pero, sin embargo, nuestros ancianos pierden masa ósea, se caen, se fracturan los huesos y quedan encamados y discapacitados en muchas ocasiones en medio de fuertes dolores. ¿Que falla?

Pues bien, hace unos años, unos investigadores norteamericanos descubrieron que si comparábamos la relación entre la 25-hidroxivitamina D3 y la 1,25-dihidroxivitamina D3, en ciudadanos afroamericanos actuales y la comparamos con la de nuestros antepasados, esta relación está muy alterada. En nuestros ancestros dominaba la forma 25 hidroxi, mientras que en los afroamericanos actuales domina la 1,25 dihidroxi. Recordemos que esta es la forma activa, que actúa como una hormona y que provoca alteraciones en la secreción de paratohormona y en el metabolismo del calcio. Esto explicaría una mayor propensión a la obesidad y a la hipertensión en estos ciudadanos afroamericanos, y esto: ¿A que se debe?

Pues parece que precisamente a una alimentación que proporciona poco calcio absorbible. Pensemos…. Cuando estábamos en los albores de nuestra evolución, comíamos insectos (cutículas y calcio), roíamos hueso (calcio), comíamos espinas de pescado (calcio), hortalizas y plantas ricas en calcio….. Ahora le quitamos las espinas al pescado, nadie roe huesos, tomamos pocas verduras y sin embargo, tomamos cereales y alimentos que secuestran calcio y nos contentamos con el hecho de que tomamos leche ¡Y ya está!.

Hacemos poco ejercicio físico, ingerimos poco calcio, tenemos mucha forma activa de la vitamina D y…. finalmente, osteoporosis, claro.

Podríamos pensar, por otro lado, que eso es potestativo de los países fríos o con poca insolación. España está protegida de esta hipovitaminosis ya que el predominio de la luz solar es abrumador en casi todas nuestras regiones. Sin embargo, en un reciente estudio (2005) de la Unidad de Metabolismo Mineral del Hospital Reina Sofía de Córdoba, un grupo de investigadores encontró que más de un 80 por ciento de mujeres posmenopáusicas sanas tenían insuficiencia en vitamina D (menos de 30 ng/ml), mientras un 5 por ciento tenía deficiencia grave (menos 10 ng/ml), lo que confirmaba la evidencia creciente de que la elevada prevalencia (el número de casos en que se produce esta deficiencia) de la insuficiencia en vitamina D en todo el mundo ocurre también en España, pese a que el estudio se hizo en una ciudad como Córdoba que por su latitud (37.85º N) y horas de sol al año posibilita la formación de vitamina D.

¿Y eso que tiene que ver con la depresión?

Pues ocurre que cada vez son más los estudios que vinculan deficiencias subclínicas de vitamina D con estados depresivos. Uno de estos estudios realizado en casi tres mil jóvenes por investigadores de la universidad de Bristol, encuentra una relación entre valores bajos de vitamina D y depresión

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